Las redes sociales ¿Nos unen o nos separan?

Vivimos en un mundo acelerado, donde las redes sociales han transformado por completo la forma de comunicarnos

Sin darnos cuenta, las redes sociales se han convertido en una herramienta esencial para la comunicación de nuestro día a día.

Es una escena cada vez más habitual que lo último que hacemos antes de dormir y al despertarnos sea consultar las novedades en nuestras redes, para así enteramos lo que ocurre en el mundo, a nuestros amigos, desconocidos, o gente a la que conocemos pero que muchas veces se muestra diferente en su versión online que en el cara a cara.

La reciente caída de los todos los servidores de la compañía de Mark Zuckerberg, y que dejó incomunicado por completo durante varias horas todas sus redes sociales generó un pequeño caos, desconcierto y ansiedad para muchos usuarios, dejando en evidencia la fragilidad y dependencia que tenemos de estas.

Internet y las redes sociales han abierto un mundo de posibilidades para conectar con personas de cualquier parte del mundo. Se han convertido también en un altavoz con el que mostrar al mundo injusticias y situaciones que no conoceríamos sin el poder de las redes.

Las redes sociales nos hacen testigos de vidas sonrientes que, muchos psicólogos coinciden, nos muestran una visión de la realidad en muchas ocasiones distorsionada. Alimenta nuestro anhelo de felicidad y nos hace pasar más tiempo viendo la vida de otros o exponiendo la nuestra a los demás que disfrutando nuestras maravillosamente imperfectas vidas.

Con una sociedad más conectada que nunca, los psicólogos alertan de que cada vez son más las personas que sufren la soledad crónica. Personas que en vez de cruzar el umbral de sus puertas para vivir, se encierran en su ordenador o smartphone para intentar conectarse al mundo a través de una pantalla.

Pero también son una forma de compartir banalidades y prestarnos a etiquetar y que nos etiqueten. Una herramienta con la que muchos intentan mostrarse diferentes y con la que sucumbimos a las modas que imponen los influencers.

Un exceso de información, opiniones y desinformación que a veces se entremezclan para movilizarnos y polarizarnos en una u otra dirección. Este es caldo de cultivo perfecto para abandonar la sociedad individualista que el capitalismo lleva alimentando años.

¿Es negativo su uso?

Por supuesto que no. Solo lo es cuando realizamos un uso abusivo o decidimos compartir más tiempo con el smartphone en vez de con quienes nos rodean. Cuando necesitamos conocer qué comparten los demás aunque no los conozcamos o necesitamos que los demás sepan qué hacemos y qué opinamos en cada momento.

Solo cuando deja de ser un hobby para saber qué ocurre y se convierte en una droga, bajo la falsa ilusión de acercarnos a otros nos separa de los más cercanos: de la realidad.

Otra ventaja de las redes es la posibilidad de poder ampliar tu círculo de contactos, desde los profesionales, hasta amistades e incluso conocer una pareja.

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