La última noche de Kasheme

– ¡Hola! Soy Nick Mazrekaj, tengo 30 años, he crecido en Suiza pero soy originario de Kosovo. Entré en contacto con la música por primera vez con los discos de mi hermano. Luego ambos empezamos a ser promotores de eventos y lo que era una afición se convirtió en mi trabajo, promocionar eventos, hacerlos. Al principio eran eventos de música más electrónica, así que un poco más adelante, en 2013, tuve un club ilegal durante un año. Rápidamente se convirtió en uno de los clubs de moda de Zúrich, pero también era muy duro. No me sentía demasiado cómodo con la escena de la música electrónica, todo lo que le rodea, ya sabes. Era demasiado para mí. Así que con el mismo espíritu, decidí encontrar algo como Kasheme. Algo que fuese más sobre música, no tanto sobre fiesta y todo lo que le rodea. Más que bailar, escuchar. Hablar, compartir, conocer gente nueva…de una forma más acogedora.

La última noche de Kasheme

Conocí a Nick Mazrekaj el sábado 26 de Agosto del año 2017 en el festival de Rundfunk FM, emisora que organizaba sus eventos veraniegos en el museo nacional de Zúrich. Formaba todo parte de ese juego de dimensiones que rodea el misterio de la música fuera de circuito, lo pequeño hecho grande y lo grande hecho pequeño. Empezar en un festival funk en un lugar majestuoso y continuar la noche en un pequeño apartamento cuya grandeza residía en la realización de una utopía cultural.

– ¿Algo más cultural? – Pregunté a Nick.

– Sí, más cultural. Que englobe muchos más estilos de música, que es muy importante, pero al fin y al cabo siendo más pequeños. Al final hoy en día, menos es más. Si te das cuenta en la música electrónica hoy todo es dance, está hecho para el baile, incluso el tempo es elevado, parece que no queda rastro del Blues, Soul, Jazz y parece que el alma y el Groove de la música se ha perdido. No se trata de vender, esto está hecho con el corazón. Para mí lo importante es comunicar a la gente que la música es un mensaje, más que un medio de diversión. Debería de serlo, pues puede comunicar y unir gente diferente a través de sus gustos musicales.

Kasheme

Hablar de Kasheme es hablar del antónimo de lo comercial. Un lugar situado en un antiguo estudio de Yoga de la calle Schöneggstrasse en la ciudad suiza de Zúrich y cuyo concepto ha atraído con el tiempo a artistas de diferentes ámbitos. Pintores, escultores, cineastas, poetas, actores y muchas otras ramas artísticas reunidas en un mismo tronco. Tronco en el que lo mismo resonaban los ecos de los debates y las reflexiones culturales de los presentes, como la música proveniente de los DJ’s y bandas seleccionadas con el mismo criterio que los asistentes. Y es que formar parte de Kasheme era formar parte de una élite en la que lo material dejaba de ser parte de la ecuación.

– ¿Por qué es importante hacer esto en Zúrich? ¿Es una ciudad que está más fresca para este tipo de conceptos que otras mil veces repetidas como Berlín?

– Lo que hacemos musicalmente no tiene nada que ver con Zúrich, por eso quizás despierta tanto interés fuera. Pero hemos crecido aquí, tenemos nuestras raíces aquí, conocemos a todo el mundo, conocemos la escena. No es nada fácil hacerlo en una ciudad como esta. El aspecto financiero es el más difícil porque no tenemos apoyo de nadie. No cobramos entrada, tampoco sacamos beneficios en la barra del bar, ya que el precio lo mantenemos bajo. Lo que hacemos es cobrar una anualidad a principios de año, como una afiliación a un club. Eres miembro de un club. Y con este dinero podemos trabajar y decidir entre todos a qué artistas traemos.

– ¿Y cómo nace el concepto?

– De una forma muy sencilla. ¿Salimos hoy o nos quedamos en casa? Decidimos crear algo que estuviese en medio de ambos conceptos. Así que, la gente que no quiera estar en casa pero que tampoco quiera salir a un local, pueda encontrar un concepto intermedio. Es como ir a casa de un amigo. Como una fiesta en casa. Es un concepto un poco americano. Para el concepto el espacio era muy importante, y este espacio fue un local comercial en un bloque de apartamentos, literalmente. Lo reconvertimos en apartamento, como un salón de una casa. En lugar para gente muy creativa, este era el concepto, no vayas al club o al bar, vamos a casa de Nick.

Las noches de Kasheme

Por diferencias en la interpretación de la licencia comercial y no sin pelear la revocación de ésta, ese mismo sábado 26 de Agosto aquella casa que Nick había creado abriría sus puertas por última vez en la calle Schöneggstrasse. Entrar en Kasheme volvía a posicionarte en un juego de perspectivas. Entrar en un edificio de apartamentos y al abrir la puerta encontrarte una perfecta barra de bar, para inmediatamente después, girar la cabeza a la derecha y encontrarse el salón de una casa llena de gente. Gente perteneciente a ese círculo creativo de la ciudad, dispuesta a celebrar por última vez la clandestinidad de la que están dotados los pequeños grandes eventos.

– ¿Crees que alejarte completamente de lo comercial y vivir casi en la clandestinidad ha sido uno de los éxitos de Kasheme? – Le pregunté.

– Sí, por supuesto. Desde el primer momento fue un lugar secreto. No es para cualquiera, sólo la gente que nos conocía o que tuviese este número secreto desde el que pudiera llamarnos para poder entrar podía hacerlo. A la gente le gustan este tipo de cosas. Es especial cuando la gente que llega entiende lo especial de este lugar. Es como estar en otro mundo. Kasheme está ubicado en la calle más loca de Zúrich. Es una calle larga, llena de locales nocturnos. Cuando sales por allí está lleno de gente de fiesta, bailando, gritando…y luego encuentras Kasheme, que es todo lo contrario.

-¿Quiénes fueron los primeros DJ’s en pinchar en Kasheme?

– El primer DJ fue Andras Fox. Lo llegué a escuchar en una Boiler Room y era un poco Disco-House, 80’s, muy fresco. Era más joven que yo y fue una sesión tan loca que lo contraté. Sabía que estaba haciendo un tour, así que lo invité a la primera sesión de Kasheme.

-¿Llegasteis a grabarlo?

-No, al principio no grabábamos nada. Durante los dos primeros años no llegamos a grabar nada.

– ¿Dos años? ¿cuántos años lleva Kasheme abierto?

– Tres años y medio. Empezamos en Abril de 2014.

-¿Y teníais alguna forma o plan de hacerlo crecer?

– Ese era el problema, porque por la licencia no podíamos hacerlo crecer. Era ilegal hacerlo. Así que teníamos que tener cuidado sobre cómo promocionábamos nuestros eventos. Tenía que ser a pequeña escala, no podíamos abrir una página de Facebook e invitar a todo el mundo. Había que promocionarlo con la gente adecuada. Lo hicimos así porque era la forma, la música, el espacio y la gente apropiada para ello, todo encajaba.

– Pero no renunciabais a crecer a través de las retransmisiones en directo…

– Sí, el streaming es una nueva forma de llegar a la gente. Es muy bueno poder enseñar y casi llegar a estar ahí a través de una transmisión de vídeo en directo. Nuestra primera transmisión fue de música electrónica, con Bella Sarris. Pasó mucho tiempo hasta que decidimos hacer streaming, pero desde el principio no era una idea que me atrajese mucho. Además, Kasheme no significa únicamente electrónica, se pincha electrónica a veces pero no es exclusivamente de este género. Lo que queríamos era enseñar lo que hay detrás del artista, qué es lo que escucha cuándo está en casa o cual es el track que le da la motivación para ser DJ o músico…enséñanos quién eres, no quién es el artista. Porque al artista ya lo podemos conocer por las sesiones que tiene en sus redes sociales, pero en Kasheme encuentras una nueva forma de verlo.

– Sí, simplemente ver la forma en la que se presentan, en un salón de una casa, sin casi nada que le separe de la audiencia, incluso hablando tranquilamente con la gente es…muy diferente. Cuándo vi la primera sesión de Bella fue muy llamativo, era distinto a todo lo que se había hecho.

– Es muy familiar. De hecho, tras la sesión de Bella tuvimos mucho apoyo y el feedback fue muy bueno. Recibimos incluso ofertas de DJ’s que querían venir a Kasheme sin ni siquiera haberlos llamado. La mayor parte de artistas que han venido han querido repetir puesto que la atmósfera es muy especial. Es muy bonito ver que hicimos algo que era importante para la gente, en un momento cómo este. Hablo con muchos artistas que me cuentan que no les gusta la escena, las fiestas…todo está muy mercantilizado y lo hacen porque hacen negocio, pero han perdido cierta ilusión en lo que hacen. Aquí se sienten libres, se sienten como en casa, no tienen presión y hacen lo que quieren.

– Muchos artistas de la industria pierden esa ilusión. Se hace todo bajo patrones estrictos de marketing y al final el artista acaba haciendo lo que su público espera de él y no lo que el artista desea. Independientemente de que el género se ha popularizado tanto que algunos son y se comportan como estrellas de rock de los 80…

– Y es eso lo que no me gusta. En Kasheme, los artistas y los invitados son lo mismo. El DJ no está en una posición privilegiada de ningún tipo y sabe que viene a un lugar donde la gente es muy abierta y está muy informada. Esto es lo que a los DJ’s les gusta tanto. Cuando van a otros clubs, están siempre en las zonas VIP y no se mezclan con un público que muchas veces no viene atraído principalmente por la música. Aquí, todos están en la misma sala, al mismo nivel.

– ¿Cómo protegéis un concepto así?

-Cualquiera puede copiarnos y no somos los únicos que lo hemos hecho, que lo estemos haciendo o que lo hagamos en un futuro. Pero las razones y la forma de hacerlo sí que han sido bastante diferentes a los otros conceptos. Las razones son musicales y la forma de hacerlo es diferente si te fijas en otros conceptos como Boiler Room, donde no te hace falta escuchar demasiado para saber cómo va a encaminarse la sesión. Hasta cierto punto es aburrido porque ellos tienen que hacer toda la selección musical en base a los derechos de las canciones que pueden adquirir para poder tener la sesión colgada, mientras que aquí la selección es completamente a criterio del artista, sin abogados de por medio.

– ¿Cuál ha sido tu noche favorita en Kasheme?

– Todas las fiestas son muy especiales, cada una ha tenido su propia historia. Una de mis favoritas fue la sesión de Goldcap por la espiritualidad que había en su música y en el ambiente. Era un domingo por la tarde, no había mucha gente, y sentí que había muchos mensajes muy bien posicionados en la música que estábamos escuchando. Durante algunas horas estábamos casi en trance, cómo si no estuviéramos en Kasheme. Otra de las grandes noches fue la de Cesar Merveille, la primera y la segunda. En la primera no pude estar, pero la escuché, y la segunda fue una auténtica locura de música.

– ¿Y los bookings? A muchos grandes locales le gustaría tener a los artistas que han pasado por Kasheme, sin embargo llegáis vosotros y lo conseguís con un espacio tan pequeño.

– Nosotros no tenemos capacidad para pagar lo que estos artistas se merecen. En un espacio tan pequeño, en el que no cobramos entrada, no hay grandes precios… nosotros no queríamos ganar dinero con ello, pero necesitas hacer el dinero justo para pagar la renta del local y todo lo que ello conlleva. Con respecto a los bookings, los artistas vienen con un fee muy reducido, acorde a las capacidades del local. De otra manera no podríamos pagarles. Podemos pagar el hotel y el resto de los costes, pero no podemos pagar su caché. Hemos tenido solicitudes de DJ’s que han intentado venir a actuar cobrando el mismo caché que en grandes clubs, sin tener en cuenta la singularidad de este lugar, y desgraciadamente esto no es posible. Gastamos más de lo que ganamos y la mayor parte de los artistas, los verdaderos, entienden esto. Los que lo entienden, casualmente, tienen el mismo interés y amor por la música que nosotros tenemos, y de eso trata Kasheme.

La última fiesta de Kasheme se extendería hasta bien entrada la mañana. Nadie quiso abandonar aquel apartamento refugio de un estilo de hacer las cosas pocas veces visto en los promotores europeos. Un estilo que ha logrado unir a un conjunto de personas de diversas nacionalidades, ámbitos y edades, pero con las mismas inquietudes y ganas de escuchar a los demás. Y es esta utopía dimensional de lugares únicos con personas creativas y admirables haciéndolo posible, las que merecen ser vividas al menos una noche en la vida, de eso trata Kasheme.

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