MUTEK Barcelona: Lives y experimentación

MUTEK

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La semana pasada tuvo lugar en Barcelona el que es uno de los festivales más vanguardistas de nuestro país. La séptima edición de MUTEK en España parecía ser una de las citas ineludibles para el público más selecto de la música electrónica. Y lo cierto es que no defraudó.

Desde el primer día advertimos que MUTEK se dirige a un público sosegado y experimentado. A penas vemos grupos de amigos menores de 30 años, y nos llama la atención la cantidad de gente que acude sola al evento. Sin duda se trata de los verdaderos amantes de la música electrónica. Aquellos que solo necesitan buena música para pasarlo bien.

En cuanto a la localización, MUTEK es un festival totalmente descentralizado. El Convent San Agustí, Instituto Francés, Universidad Pompeu Fabra, Teatro Barts, La Fábrica de Estrella Damm y por la noche Nitsa Club, han albergado durante 4 días toda la programación del festival.

Pero lo que más nos ha llamado la atención es que prácticamente todas las actuaciones de MUTEK que no están en Nitsa, son lives. Conciertos que permiten a los artistas ser mucho más creativos y que pueden llegar al oído de quien escucha de forma más sensible y emocional. Un punto a favor que nos ha hecho babear en alguna ocasión.

Así, el 2 de marzo llegábamos a la ciudad condal con muchas ganas de escuchar buena música y de ver lo que MUTEK nos tenía preparado.

Día 1

El Instituto Francés fue el espacio elegido para inaugurar el festival. Edu Comelles presentó sentado su último trabajo titulado Agost. Sonidos pausados y relajantes que quedaron adornados por los visuales de xGuix. Un vaso lleno de agua que parecía moverse a la par que las vibraciones provocadas por el sonido.

Después, Franck Vigroux y el diseñador de vídeo Kurt d’Haeseleer presentaron Centaure. Un show inquietante protagonizado por sonidos ensordecedores y ruido perturbador, acompañado por unos visuales de figuras morfológicas que parecían desgarrarse. Los 30 minutos de Centaure consiguieron descolocar al espectador, que parecía expuesto a una continua agonía inevitable.

Día 2

El jueves tuvo lugar en el Teatro Barts uno de los platos fuertes de esta edición. Hablamos de Trialogue, o lo que es lo mismo: Bugge Wesseltoft, Henrik Schwarz & Dan Berglund. Aunque antes de escucharlos, pudimos disfrutar del show de Afloat.

Afloat es el dúo compuesto por Nev.Era y el pianista Albert Catalá. Una formación a tener en cuenta puesto que consiguieron calentar el teatro de la mejor manera. Su fusión de tendencias electrónicas junto con neoclásicas dio resultado y el público lo agradeció. El virtuosismo del pianista se lució mientras Nev.Era metía los tracks y hacía las voces.

Así que llegamos a lo que fue en la humilde opinión de quien escribe, la mejor actuación del festival. Henrik Schwarz fue el primero en pisar el escenario para colocarse con una sonrisa de oreja a oreja en la parte derecha del escenario. Al centro Dan Berglund con un contrabajo y a la parte izquierda Bugge Wesseltoft con un piano de cola, varios sintetizadores, una caja y un crash.

Una puesta en escena sobria y sin visuales para no desviar la atención del público. Y es que Trialogue es puro talento. Tres genios, cada uno en lo suyo, a los que no les hace falta mirarse para entenderse. Tres artistas que dominan su herramienta de trabajo a la perfección y que consiguen que lo más difícil parezca fácil. Pudimos escuchar música experimental, jazz e incluso deep.

Mientras Henrik Schwarz metía la percusión y jugaba con los volúmenes y un sinte pequeñito, Dan Berglund hacía lo que quería con su contrabajo. Y es que bien con arco, sin él o simplemente golpeando las cuerdas, el sueco no paró de clavar absolutamente todas y cada una de las notas. Lo mismo que Bugge Wesseltoft, quién pareció estar pasándoselo de miedo mientras improvisaba y se lucía con sus cacharros.

Como no podía ser de otra manera, consiguieron que al final de su actuación todo el teatro se pusiera en pie para agradecer lo que fue una experiencia de 10. ¡Grande Kike! le gritaban al dj.

Día 3

El sábado por la tarde la programación de la Fábrica Estrella Damm se repartió en tres espacios. La Sala de Básculas para las conferencias, la Sala de Máquinas para los conciertos más experimentales y el Parking al aire libre para las actuaciones principales.

Visitamos primero la Sala de Máquinas mientras Adeline, en prácticamente total oscuridad y humo, metía sus voces y ritmos envolventes. Y es que era inevitable que el sonido te atrapara puesto que Intorno Labs junto a Amate Audio había preparado una sala circular con sistema de sonido 3D de 30 canales que provocaba que el sonido fuera y viniera al antojo de quien lo manejaba. Más tarde, Deadbeat, uno de los imprescindibles del festival, consiguió llenar la sala a base de bombo y caja.

En el Parking Shigeto variaba los ritmos de su batería a su antojo. El de Detroit combinó las bases con una batería muy simple pero que dominaba perfectamente. Un viaje que sonaba a downtempo, ambient y ritmos latinos, pero que a veces pecó de demasiada batería. Aún así, le quedó un show muy vistoso y resultón. Una pena que parte del público se dedicara a hablar y ponerse al día mientras otros intentábamos evadirnos del mundo a través de la música.

En cualquier caso, cerramos el día con The Orb, una de las últimas confirmaciones del festival. Los pioneros de la electrónica futurista celebraron sus 25 años de trayectoria luciéndose con un show muy actual que contenía algunos de los himnos de la formación (como Little Fluffy Clouds). Empezaron con un synth-pop atmosférico que poco a poco se fue convirtiendo en techno retro y buenrollero. Aunque tuvieron algunos pequeños errores a la hora de meter los tracks, consiguieron meterse al público en el bolsillo con su actitud.

Shigeto

Día 4

El sábado la Fábrica Estrella Damm albergó a bastante más público que la jornada anterior. Llegamos con los primeros compases del nuevo live show de Flanger. Uwe Schmidt (Atom™) y Burnt Friedman se situaban en mitad del Parking, rodeados por el público a modo de Boiler Room, mientras sonaba su electrónica de ritmo lento.

Pero la mayoría de los asistentes esperaban ansiosos el turno de Vilod, formación integrada por Ricardo Villalobos, el músico Max Loderbauer y el clarinetista Claudio Puntin. Pudimos disfrutar de la mejor versión de Villalobos. Sentado y muy centrado, sirvió de nexo de unión entre la formación. Jugó con los graves a su antojo y enredado en un modular, consiguió que los allí presentes entendiéramos su discurso. Así, mientras Claudio Puntin se lucía con el clarinete, Max Loderbauer componía las melodías del show. Todo ello, acompañado por los magníficos e hipnotizantes diseños de la artista visual Alba G. Corral, quien también visualizó junto a Valentin Stip.

Este último fue una de las sorpresas de esta edición. Realizó un set que fue creciendo progresivamente en ritmo y fuerza. Electrónica profunda y reflexiva que cerró Experience 2 dejando a los asistentes con ganas de más.

Por la noche, nos acercamos a un Nitsa lleno a hasta la bandera. Steffi hacía bailar a los presentes mediante techno alemán y sin florituras, mientras en La 2 Sunny Graves hacía de las suyas.

Vilod