Crónica Veranos de la Villa 2020
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Crónica: Baiuca y Le Parody en Veranos de la Villa 2020

Con 35 ediciones a sus espaldas, el festival Veranos de la Villa volvió a apostar por la cultura en la calle, proponiéndose reavivar los aplausos que meses atrás resonaron en los balcones, haciendo vibrar al unísono los cimientos del Centro Cultural Conde Duque, en Madrid. Con su propuesta sonora «Entre antes de ayer y pasado mañana», evento que tuvo lugar el pasado 18 de agosto, el patio de Conde Duque cobró vida propia mecido por la convergencia de vientos del Norte, de la mano de Baiuca y vientos del sur con Le Parody. 

En su compromiso con un ocio seguro, el Centro Cultural Conde Duque apostó por una distribución del espacio que garantizase la distancia de seguridad y el acceso y salida sin aglomeraciones. Los protocolos de seguridad resonaban en el recinto mientras el público, expectante, iba accediendo al patio. Sorprendió la decisión de prescindir de la barra que suele acompañar a estos eventos, que fue sustituida por máquinas de vending con una selección de bebidas no alcohólicas. Este halo casi distópico hizo que redescubrir el ocio y aprender a vivir la cultura en un formato diferente, se viviese casi como una aventura en la que se orbita entre la responsabilidad y el dejarse llevar.

Rompiendo el hielo con un público que no podía levantarse del asiento y que, a priori con la mascarilla podía parecer indescifrable desde el escenario, Le Parody, nombre artístico de la artista andaluza Sole Parody, entró en escena pisando fuerte y dispuesta a caldear el ambiente. Con sinceridad y simpatía se dirigió al público para presentarse y dedicar un cálido agradecimiento a todas las personas que hicieron posible el encuentro.

Con ella, comenzamos un viaje hacia sonidos underground y bailes hipnóticos, que intentaban evocar el tablao flamenco del futuro, fusionando el folclore andaluz con el amplísimo universo de secuenciadores, loops y los moduladores de voz. Durante su actuación, en la que presentó su último disco Porvenir y que siguió claramente una tónica «in crescendo», se hizo difícil no sucumbir a las ganas de levantarse a bailar, y fue inevitable advertir el tamborileo de algunos pies inquietos aquí y allá, mientras mirábamos maravillados a Le Parody haciendo suyo el escenario y bailando libre por toda su superficie. 

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Baiuca, no obstante, fue quien terminó de despertar las pasiones del público, que aplaudió con más fuerza que nunca cuando tras cinco minutos para cambiar de escenografía los integrantes de este vanguardista proyecto musical gallego se adueñaron del escenario. Alejandro Guillán y su equipo trabajaron armónicamente para crear una atmosfera sublime, ancestral y casi mística, emulsionando a la perfección los sonidos de la música tradicional gallega con el sonido efervescente de la electrónica del siglo XXI. La mesa de mezclas parecía hablar el mismo idioma que los instrumentos tradicionales gallegos, a los que se sumaron incluso algunas cacerolas, sartenes y herramientas de labranza que se dejaron oír en algunas canciones. Las dos vocalistas que acompañaron a Baiuca, por su parte, nos pusieron la piel de gallina con unas voces que parecían encerrar los gritos de las meigas de otra época.

Para culminar esta experiencia sensorial, cabe destacar el trabajado montaje audiovisual de imágenes y vídeo (de archivo, en directo, etc.) de Adrián Canoura, que en forma de relato visual nos iba narrando, en tiempo real, la historia de un increíble viaje sonoro.

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