La Titiritele, la felpa a escena

¿Os acordáis de que hace unos años hubo una buena época en la que los actores mortales compartían bambalinas con inmortales actores de trapo? No eran actuaciones simplonas dirigidas a niños memitos, al contrario, era el público adulto y familiar los receptores de sus actuaciones ¡Hagamos un breve repaso!

Todos nos acordamos de Los Teleñecos (The Muppets) y sus personajes emocionales y estimulantes de la rana Gustavo, Peggy la cerdita, Gonso el… (Yo siempre pensé que era un mosquito, aunque parece ser que es un extraterrestre) y el muñeco que hace -mimimimi-. Eran marionetas que al igual que el Coyote, entretienen a los niños pero hacen reir a los adultos. 

En su extensión educativa de Barrio Sésamo para España, nos presentaron a Triky el monstruo comegalletas, a Coco y su alter ego de Súpercoco, la pareja (confirmada) de Epi y Blas, y mi favorito: ¡El Conde Draco! que alcanzaba un auténtico éxtasis al contar. Sí, no me olvidaré de mencionar a los presentadores estrella: Don Pimpón (Mi influencer para la moda), Espinete (el inmortal) y la gallina Caponata, que para mi fue el primer transexual del que tuve conciencia, porque pasó de ser una sobredimensionada gallina rosada a ser un sobredimensionado gallo llamado Pacopico (Porque así me lo aprendí yo, y así aparece en mis libros de Barrio Sésamo: El gran pájaro amarillo se llama o llamaba Caponata).

Jim Hemson fue padre de numerosas marionetas televisivas: Los Fraggel Rock (Fraggle Rock), El Cristal Oscuro (The Dark Crystal), Dentro del Laberinto (Labyrinth) … etc. Una época dorada para este tipo de arte, ya que el render no salía rentable y las animaciones por stopmotion salían encantadoramente extrañas. Fue así como obtuvieron su papel Fújur (Que toda mi vida he llamado Fuyu) de La Historia Interminable (Die unendliche Geschichte), R2D2 combatiente de La guerra de las Galaxias (The Stars Wars), Gizmo causa y solución de Los Gremlins (Gremlins) y el comegatos de Alf (ALF).

Pero no todos eran adorables muñequitos de humor incisivo y faz sonriente, también hubo actorñecos (de actor y muñeco) banales, soeces, adictos y de baja felpa, como el desconcertante protagonista de El Pato Howard (Howard The Duck), los inquietantes personajes de Los Feebles (Meet the Feebles), la horrenda Pandilla Basura (illa) (The Garbage Pail Kids Movie), el infeliz para siempre de Mr. Floppy (Unhappily Ever After), e incluso marionetas dedicadas al porno (De cuyos nombres no quiero acordarme). Podría quizás meterse en este inframundo a Óscar el Gruñón, pero está claro que tiene un rollo menos truculento que los anteriores (Y un cierto guiño hacia los niños de que hay gente que vive en la basura sin ser todo arco iris rosas).

Fue realmente una época extraordinaria, por que diganme si a dia de hoy una productora de televisiónaceptaría realizar una serie de humor sobre una familia de dinosaurios que viven en un presente hipotético. Y no me refiero solo a un guión o a una trama emocional, me refiero a asumir el coste de crear personajes, decorados, escenografías y vestuarios a medida, maquinarias y robóticas, efectos especiales…etc. Así como el coste de doblaje, titiriteros, ingenieros, guionistas… etc. Si el creador de Dinosaurios (Dinosaurs) lo hubiera presentado a dia de hoy le hubieran tachado de auténtico loco, su proyecto no hubiera aflorado, o lo hubiera hecho con muy mala calidad, recibiendo un sonoro -¡Tú no mami!-.

Pero no solo en Estados Unidos se dio esa inventiva titiritesca, aquí en España también tuvimos a nuestras estrellas: Los electroduendes, Los Aurones, el marciano Yupi, el marciano Máximo… (¿Son las marionetas visitantes extraterrestres como ET?) Por no hablar de la alcurnia titiritera: Macario, Rockefeller, Monchito, Doña Rogelia, Daisy, Rodolfo, Nico… Que eran capaces de contar chistes verdes delante de nuestra cándida presencia infantil sin que ello fuera algo alarmante. Y aquí os traslado una duda que siempre me rondó ¿Hubo algún romance entre Doña Rogelia y Macario? Por que en mi cabeza pueril eran una pareja bien avenida que trabajaba por separado.

Aun así parece que esta época de glamurosa felpa y metemanos ha llegado a su fin, dejando a los títeres, más que sin cabeza, relegados a un público infantil-bobalicón. Prácticamente casi todas las cadenas han tenido sus marionetas infantiles y didácticas: Los Lunnis de Tve, Los Algos de Cuatro (Que creo que son parientes de los Feebles), Los Chuquis de Telecinco, Trasto del Ciberclub de Telemadrid… Lo cierto es que estas marionetas, seguramente estudiantes de un colegio del Barrio Sésamo, tenían su aquel y su ingenio. Otra cosa me parecen los recoloridos Tweenies (Tweenies) que no eran bollos, si no unos muñecos callejeros underground dabuten del barrio de las buenas costumbres y los enfarlopados de Lazy Town (Latibær) que acercan a los niños el concepto gay de musculoca a través de Sportacus (Que no es un títere) Siendo una serie que cuando la pone mi sobrina, me pone realmente nervioso.

Una total mención aparte merecen Los Teletubbies (Teletubbies) Una serie alabada, sin que yo lo comprenda, por eminentes pedagogos, que adoctrinó a toda una generación en el arregosto de la haraganería. Por que el día a día de estos seres con alto índice de brillo (Que no brillantez) consistía en tocarse el papo, en divertirse y en alimentarse exclusivamente de dulces tortitas sonrientes y natillas rosas (normal que estuvieran gordos) que acudían en pirueta voladora al plato, tras pulsar cómodamente un botón. Sin preocuparse en recoger o limpiar, por que para eso estaba la mama Nunu o Noo-Noo, una sirviente aspiradora sin voz ni voto, que se encargaba de recoger y limpiar cualquier estropicio antes de que volvieran de zascandilear por el prado de los conejos gordacos. Interesante moral se puede aprender de unos seres que pasan olímpicamente de alguien que les dice la palabra “No”.

Aunque sí tenían una preocupación: Tenían que ir hacia la cima de la colina para pillar cobertura wifi. El que recibía esta gracia divina del Sol faciente, obtenía como premio un video tofu insulso que para colmo se volvía a repetir. Recuerdo que uno de estos videos consistía en que descendía una simple casa de dos plantas y cuatro ventanas (dos en cada una) Y entonces se encendía la luz de la ventana izquierda de arriba, se encendía después la de su derecha, luego la inferior izquierda y después la última. Encendidas todas, se apagaban por el mismo orden. Y se volvía a repetir por si la trama era muy complicada y algún niño se había perdido. Si la generación de los noventa son idiotas, ya sabemos la causa.

Despejando temores, no hemos de preocuparnos por la pérdida de esta artesanía. El arte de dar alma y carácter a objetos inanimados, no ha caído en desgracia. Es solo que se ha vuelto más selecto. Y es por eso que desde aquí quiero reivindicar este arte clásico, mágico y ancestral antes de que desaparezca aún más de la vida popular. Ya sean de guante, de varilla, sombra, disfraz o marioneta. Ya sean las contemporáneas hormigas comentaristas de El Hormiguero o las ancestrales y espirituales Bunraku del Japón, no dejemos de observar a estos personajes, por que al contrario de lo que pasa con los juguetes 😉 los títeres pasarán de moverse y contonearse, como Flat Eric con la canción de Flat Beat, a quedarse quietos y apolillados en un cajón, si no tienen un público que les anime. 

Cata-catapún, catapún, pún-candela, 
a-rza pa´rriba, polichinela, 
cata-catapún, catapún, catapún… 
Como los muñecos en el pim, pam, pum.

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