Ghost in the cell: como la tecnología nos maquiniza

En 1995 Mamoru Oshii estrenaba la estupenda película de Ghost in the Shell, en el que además de la trama principal, se trata el tema de la cibernética vs humanismo, planteando la duda de por dónde trazar la línea que separa a la máquina de un humano. 

Un androide, un robot con apariencia humana, es programado para cumplir taxativamente con un modelo ético y moral programado (no mates, no robes, colabora, ayuda… etc) es decir ese androide cumple con un ideal humanitario impuesto. En cambio un humano es libre de cumplir o no esa moral que se supone nos hace más humanos. Llegado a ese punto ¿Quién es más humano, el robot que se comporta como tal o el propio humano? 

Si a todo esto le añadimos que cada dia las personas nos implantamos marcapasos, audífonos, correctores de visión, chips de cobro… etcétera. En definitiva incorporamos a nuestro ser maquinaria para compensar nuestros fallos humanos, está la pregunta de en qué momento dejamos de ser humanos para convertirnos en máquinas.

Quizá pensemos que eso de implantarnos un chip en el ojo para acceder a una realidad aumentada sea cosa de mucho tiempo, pero la imposición del uso del teléfono móvil es nuestros días es una realidad evidente. En la actualidad difícilmente podríamos desenvolvernos en sin él ¿Cómo haríamos para saber por dónde ir, en qué lugar se encuentra tal cosa, como solucionar X problema, o más básicamente, como contactaríamos con alguien que no se encuentra en nuestro entorno inmediato? No podríamos informar, ni informarnos, ni recibir promociones, ni saber dónde estamos, cuál es la ruta, que hora es, apuntar legiblemente un comentario… Necesitamos el móvil incluso para pagar. Curiosamente, aunque cada día los móviles van perdiendo masa, hemos hecho de los móviles posean un gran peso en nuestras vidas.

El teléfono móvil es ya un órgano más de nuestro cuerpo, es el sentido que nos conecta con nuestro entorno maquinario. Poco faltará para que directamente nos lo implantemos. Poco importa ya la realidad natural, por que ahora existe la realidad virtualizada. No hace falta mirar al cielo para saber si va a llover o si el granizo dañará la cosecha, con mirar lo que nos dice nuestro móvil, no solo sabemos lo que ocurrirá, si no también cómo actuar, o donde comprar la mercancía. 

Gracias al móvil, no hace falta salir al exterior, en donde millones de microbios, virus y amenazas nos acechan para agredirnos, cuando podemos estar cómodamente en casa, engullendo series y pidiendo que nos traigan a casa productos y comida desde la app. ¿Para qué esforzarse cuando puedes «apollardarte» en el sofá?

Nuestro teléfono móvil es un disco duro de nuestra alma, no solo lo personalizamos acorde con nuestros gustos, si no que encerramos en él (como si fuera una cápsula de tiempo) nuestra imagen, pensamientos, necesidades, contactos, intimidades, gustos, contraseñas, movimientos, expresiones… Perder el móvil hoy en día es perderse a sí mismo. Literalmente. Quizás en un futuro, en lugar de pedir una muestra de adn, pedirán acceder a nuestro móvil. Quizás en un futuro para clonarnos, pidan nuestro móvil.

Por último, antes de acabar una pregunta:Para evitar el microinfarto que sufres cada vez que pierdes el móvil ¿Qué haces? ¿Limitas y reduces el poder que el móvil tiene en tu vida o sigues otorgándole más permisos sobre ella?

La noche quedará despejada, y el ave del paraíso cantará.

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