Un Delfín en el depósito del Canal II

Tras este tiempo de cuarentena, en el que uno termina por conocer requetebien su casa, he querido retomar los asuntos pendientes de mi tintero cultural: Por un lado, visitar la exposición «Game On. La historia del videojuego 1972-2020»; Y por otro, visitar la exposición de David Delfín en la Fundación Canal.

Lamentablemente, la exposición de videojuegos, que tuvo muy buena crítica, clausuró en mayo. Por suerte, la exposición de David se mantiene hasta el 26 de este mes de julion ¡así que aprovechad! Además de mostrar los diseños del modista a esta exposición se le suma el valor arquitectónico de la propia sede en la Sala Canal de Isabel II.

Veréis, si hay algo que me alucina de la arquitectura madrileña es el estilo industrial que se desarrolló en la capital en el siglo XIX-XX, dentro del estilo historicista (fachada románica realizada mayormente en ladrillo, e interior diáfano en arquitectura de hierro). Estilo presente en diversos edificios españoles: Matadero de Arganzuela, Plaza de Toros de las Ventas, la Casa de Correos y Telégrafos de Málaga, las Escuelas Aguirre… y entre ellos, los edificios del Canal de Isabel II. Sin querer tacharme de intruso y muchos menos de okupa, siempre que veo un edificio bonito algo me impulsa a querer disfrutarlo desde dentro. Pues bien, la sede que ahora se destina a temas culturales fue en su origen parte del entramado industrial de la capital Adalí, sirviendo como depósito, canalización y distribución de las aguas.

Hace reflexionar el hecho de que hubo una época en la que en el diseño (en este caso arquitectónico) buscaba complicarse la vida, movido por un afán de orgullo y esfuerzo, que pretendía destruir algo que era bello, austero y natural, para construir algo más bello, mundano y humano. Así ocurre, que cuando se presenta un cool-’quitecto de estos que se laurean y pavonean en falsa humildad de sus obras, al parecer de una tremenda complejidad conceptual, cuando en realidad son un cubo blanco con una pasarela de madera de teka, uno piensa en los palacios barrocos y en cómo narices el maestro arquitecto se las apañó para delinear todo el entramado de rocallas y roleos, a perfecta tinta, sin luz eléctrica y sin ayuda de Internet, y te preguntas qué cojones está este gilipollas hablándote. Viendo como eran los edificios industriales con esa mentalidad, ¡imaginaos cómo serán los polígonos industriales si esa mentalidad siguiera aún presente! † En Autocad, hacer líneas curvas en complicado.

Me conmueve que estas bellezas hayan sobrevivido a la purga del tiempo y del odio. Por eso, cuando vi que la muestra de un diseñador al que aprecio se iba a realizar en uno de estos edificios, inmediatamente se marcaron las coordenadas del 0,0 para ir a visitarlo. El tercer 0 del tiempo, es lo que me ha faltado por resolver. El caso no es que tenga mucha cultura de la costura y la moda (cosa que espero pronto remediar) pero como amante del arte y del diseño está claro que he metido mi dedito curioso en la materia para indagar sobre algunos diseñadores o prendas que me han llamado la atención: Balenciaga, las lagarteranas, Vivienne Westwood, Agatha Ruiz de la Prada, el famoso abrigo folc de Palomo Spain y por supuesto David Delfín.

Antes de continuar, quisiera hacer un inciso sobre el tema de la moda. Más de una vez hemos visto pasarelas donde las modelos visten con ropajes exagerados, surrealistas e imposibles, a los que todos hemos reaccionado diciendo eso de -¡Joder y eso quien se lo va a poner!-. Hay que decir que en la moda, como en muchas otras disciplinas, hay una versión artística-creativa-poética-experimental y otra técnica-planificada-práctica, por lo que la costura y el tejido son también formas de expresión artística, sin una pretensión funcional, pero si reflexiva o estimulante.

Decía, que David Delfin es de esos pocos diseñadores de moda que me han llamado la atención y del que no me importaría vestir. Me gustan sus prendas de línea formal y austeras, pero con un toque creativo y extravagante. Por ejemplo, me gustó muchísimo su abrigo inspirado en las bufandas deportivas (pieza presente en la exposición).

Y bueno, llegado el ansiado día, partí con las medidas anti-gérmenes en mi cuerpo y mente, con abanico y cantimplora en bolsete, y me bajé desde Cuatro Caminos, por la sombra, hasta la sede del Canal. Un jardín bastante cuco precede a una estupenda y maravillosa torre, que ya la quisiera Rapunzel para exhibir ahí su cabellera, de ladrillo, granito y zinc, hermosamente distribuidos. Sobreviviendo al parraque del calor y tras las medidas anti-gérmenes del lugar, me adentré para contemplar la exposición (gratuita).

Dispuesta en penumbra se desarrolla a lo largo de 4 niveles, en los que puedes optar por subir por escalera o en ascensor. Las obras se muestran en pequeños espacios, a modo de escaparates con el la línea blanca como conductor del espacio oscuro. Durante la visita reina una tenue calma, adormecida por el murmullo continuo de la canción, homenaje a la GRAN Rocío Jurado, de  “Como yo te amo”*. Verso que bien puede ser el resumen de la intención artística del diseñador.

En la primera planta tenemos una breve introducción al diseñador que en muy resumen sería: empezó en las artes plásticas, hizo mella en los 90s, trabajó de forma multidisciplinar y su alma gemela (tan gemela, que su transición se dió casi a la par) infinitamente fué Bimba Bosé.

En las plantas intermedias podemos ver trajes muy interesantes, que como he mencionado, son prendas de línea austera pero con un toque creativo y atrevido que las hace singulares y con su firma. Son prendas con una extravagancia moderada y amable que tienen toda la pinta de ser fruto del juego, de la plasticidad y la expresividad. Sus elementos curiosos y detallistas me hicieron pensar en la típica frase… ¡y cómo no se me ocurrió! Es lo que tiene el talento, que es vanguardia.

La ultima planta está dedicada a otras obras del actor, más allá del textil: vídeo arte, poesía e ilustración. Como colofón, en lo que podría ser el desván, un espacio chill-out en el que uno puede disfrutar con tranquilidad y bajo un cielo azul de la canción versionada de «La Más Grande». Lo cual sería bastante atractivo si no fuera por las butacas de felpa y la falta de frigorías, en el espacio y mi ser. Es irónico que en la sala de exposiciones de la empresa que abastece de agua a Madriz, no haya una fuente de agua de la que beber. Llevaros botellita y abanico.

En resumen, la exposición merece mucho la pena, sobre todo si se va a primeras horas. Hasta el 26 de Julio la Torre del Canal de Isabel II es un mausoleo a un gran artista y su mundo, un espacio sosegado por el que uno va ascendiendo, disfrutando del tránsito, como un ser etéreo al que solo se le ve el traje de sábana, en unas fotos que recorren toda una vida interior, hasta alcanzar el cielo.

*Remezcla original de Jorge Calvo (micropunto) y cedida a David Delfin, Bimba Bose y The Cabriolets

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